La infancia en la mira

por | Ago 26, 2025 | Boletin

La infancia en la mira: cuando el mundo siembra confusión y roba la identidad

Cuando hablamos de ataques a la infancia, solemos pensar en guerras, pobreza o violencia visible. Sin embargo, hay un ataque mucho más cercano, silencioso y peligroso: el que se libra en el corazón y la mente de los niños desde edades tempranas. No hace falta que caigan bombas sobre su ciudad. Basta con que se encienda la televisión, se abra una red social o se repita un discurso en la escuela.

El resultado de este ataque ya está saliendo a la luz en las estadísticas de los jóvenes actuales.

Un informe reciente del Instituto Williams de la Universidad de California (UCLA) reveló que en Estados Unidos más de 2,8 millones de personas se identifican como transgénero, incluyendo a 724 000 adolescentes de entre 13 y 17 años. Eso significa que aproximadamente el 3,3 % de los adolescentes de ese país se sienten en conflicto con la identidad que recibieron al nacer. En otras palabras, casi 1 de cada 30 adolescentes vive hoy atrapado en una lucha interior con su propia identidad. (Ver noticia)

Podría parecer un fenómeno lejano, pero no lo es. Estos datos nos muestran una realidad que no empieza en la adolescencia. No se trata de jóvenes que un día “decidieron” cambiar su percepción de sí mismos. Es el fruto de una siembra mucho más temprana. Es la cosecha de lo que el mundo sembró en su infancia.

El terreno fértil de la infancia

Todo agricultor sabe que la semilla más fuerte es la que se siembra en un terreno tierno. Eso mismo ocurre con los niños. Sus corazones, aún blandos y receptivos, absorben todo lo que escuchan, ven y experimentan.

El problema es que, mientras muchos padres se han mantenido distraídos o confiados en que “los niños todavía son pequeños para entender estas cosas”, el mundo ha entendido perfectamente que la batalla se gana desde la cuna.

Las caricaturas, los programas infantiles, los anuncios publicitarios, los videojuegos y, más recientemente, las redes sociales, llevan mensajes disfrazados de diversión, de libertad o de tolerancia. Y poco a poco van sembrando dudas como estas:

  • ¿Y si no eres quien crees que eres?
  • ¿Y si puedes decidir ser otra persona?
  • ¿Y si tu cuerpo es un error que puedes corregir?

Estas preguntas, repetidas de mil formas distintas, se convierten en semillas que germinan cuando los niños llegan a la adolescencia. Entonces ya no es un juego ni una curiosidad pasajera. Es un conflicto existencial.

El ataque invisible: cuando el mundo roba la identidad

El enemigo no siempre ataca con violencia visible. Su estrategia más peligrosa es la confusión. Y pocas cosas generan más confusión que no saber quién eres.

Si desde pequeños los niños son expuestos a mensajes que relativizan su identidad, si cada pantalla que ven les ofrece una versión diferente de lo que significa ser hombre o mujer, si los sistemas educativos les enseñan que todo es relativo y que la verdad no existe… ¿qué podemos esperar en la adolescencia?

Los datos de Estados Unidos no deberían sorprendernos. Son simplemente la confirmación de que el ataque ha sido eficaz. El mundo sembró en la infancia, y ahora recoge una generación que no sabe definirse, que duda de sí misma y que se encuentra vulnerable a cualquier corriente ideológica.

El silencio de los padres y educadores

Lo más doloroso es que este ataque no ocurrió sin testigos. Muchos padres y educadores lo vieron venir, pero guardaron silencio. Algunos pensaron que era una moda pasajera. Otros se resignaron diciendo: “Son cosas de esta generación”.

El problema es que el terreno que no se llena con la verdad, inevitablemente será ocupado por la mentira. Un niño que no recibe claridad sobre su identidad en casa, la buscará en internet, en la escuela o en los amigos. Y allí encontrará voces dispuestas a decirle lo que quiere escuchar, aunque esas voces lo conduzcan a la confusión y al dolor.

La verdad que preserva el corazón

La Biblia nos recuerda que los niños son herencia de Dios (Salmo 127:3). No son un experimento social, ni una tabla rasa para que la cultura escriba lo que quiera. Son un regalo sagrado.

El propósito de Dios con la infancia es claro:

  1. Que los niños conozcan al verdadero Dios desde pequeños.
  2. Que su corazón sea preservado antes de que la mentira tenga espacio.
  3. Que su vida sea testimonio de la sencillez y dependencia que reflejan el Reino de Dios.

Cuando los niños escuchan la verdad, el Espíritu Santo puede obrar en ellos con la misma fuerza que en un adulto. No hay edad mínima para que Dios actúe.

Nuestra responsabilidad hoy

Como padres y educadores, no podemos seguir pensando que la identidad se resolverá sola con el tiempo. Tampoco podemos dejar que las redes, la escuela o la cultura hagan ese trabajo en nuestro lugar.

Dios nos dio la responsabilidad de sembrar la verdad en casa. Y si no lo hacemos, el mundo no tardará en ocupar ese espacio.

La estadística de los 724 000 jóvenes en Estados Unidos debe ser para nosotros una alarma. No es un dato lejano, es una advertencia: lo que hoy se siembra en la infancia, mañana será la identidad de los adolescentes que tenemos en casa.

Una oportunidad para actuar

La buena noticia es que todavía hay tiempo. Podemos responder sembrando la verdad en los corazones de nuestros hijos. No con religiosidad ni con moralismos vacíos, sino con el evangelio puro que revela quién es Cristo y quiénes somos en Él.

Por eso hemos creado el taller gratuito “Cómo compartir el evangelio a los niños”, un espacio donde padres y educadores podrán recibir herramientas claras y prácticas para guiar a los pequeños en medio de tanta confusión. Regístrate ahora

Conclusión

El ataque a la infancia es real. No siempre se oye como una explosión ni se ve como una herida visible. A veces llega disfrazado de dibujo animado, de videojuego o de campaña educativa. Pero el resultado es el mismo: un corazón infantil confundido que, años después, se convierte en un joven que ya no sabe quién es.

Padres, educadores, no podemos quedarnos de brazos cruzados. El futuro de nuestros hijos no se define mañana: se está definiendo hoy. Y la semilla que sembremos en su infancia marcará el rumbo de toda su vida.

 

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