El libro de Esdras comienza en un momento en el que todo parece hablar de fracaso. Jerusalén había sido conquistada, el templo destruido y el pueblo llevado al cautiverio. Sin embargo, la primera acción que encontramos no nace del hombre: Dios despierta el espíritu de Ciro y comienza un movimiento que llevará a parte del pueblo desde Babilonia hasta Jerusalén.

Ese punto de partida marca todo el libro. Esdras no es solamente la historia de unos hombres que decidieron regresar y reconstruir lo perdido. Detrás de los acontecimientos encontramos a Dios despertando, conduciendo, permitiendo dificultades, hablando mediante su Palabra y llevando finalmente al hombre hacia una necesidad mucho más profunda de lo que podía verse entre las ruinas de Jerusalén.

 

Primera parte: Estudio Bíblico de Esdras

 

Estudio Bíblico de Esdras — Cuando Dios conduce al hombre hacia la luz nace con el propósito de recorrer este libro sin convertirlo simplemente en una historia antigua ni en una colección de ejemplos sobre personajes que debemos imitar.

Queremos acercarnos al texto y permanecer delante de él.

Al principio, la necesidad parece evidente. Hay que regresar a Jerusalén, levantar nuevamente el altar y reconstruir la casa de Dios. El pueblo comienza la obra, pero pronto aparece la oposición. El desaliento aumenta y finalmente la construcción queda detenida.

¿Significa esto que los enemigos han conseguido detener el propósito de Dios?

El propio relato irá mostrando que no. Dios continúa siendo soberano también cuando exteriormente parece que nada está sucediendo. Llegado el momento, su Palabra vuelve a escucharse por medio de Hageo y Zacarías. El pueblo se levanta nuevamente y la casa termina siendo construida.

Podríamos pensar que hemos llegado al final.

Pero Esdras continúa.

Y precisamente ahí comienza a descubrirse uno de los movimientos más importantes del libro.

La gran necesidad no era solamente reconstruir aquello que había sido destruido. Una casa podía levantarse nuevamente sin que aquello que estaba en el hombre hubiera cambiado. Israel podía salir físicamente de Babilonia y continuar necesitando una obra mucho más profunda.

Entonces aparece Esdras, un hombre que había preparado su corazón para inquirir la Ley de Jehová, cumplirla y enseñarla. La buena mano de Dios lo conduce hasta Jerusalén y, con su llegada, la Palabra comienza a ocupar el centro del relato.

Lo que esa luz descubre no conduce a una nueva celebración.

Esdras termina de rodillas, confuso y avergonzado delante de Dios. Poco después, aquello que lo había quebrantado comienza a alcanzar a la congregación hasta que se escucha una confesión decisiva:

«Hemos pecado contra nuestro Dios».

El estudio sigue este recorrido a través de los siete grandes bloques en los que hemos estructurado Esdras, procurando que la explicación histórica y bíblica no coloque distancia entre el lector y el texto. No buscamos fabricar una experiencia espiritual mediante nuestras palabras. Eso pertenece únicamente a Dios. Nuestro propósito es mucho más sencillo: acercarnos todo lo posible a lo que está escrito y dejar espacio para que la Palabra haga aquello para lo que Dios quiera utilizarla.

Puedes acceder al estudio de varias formas:

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Esdras — Producción musical

El mismo recorrido bíblico ha dado origen a una producción musical completa basada en el libro de Esdras.

No queríamos crear simplemente canciones cristianas inspiradas libremente en algunos episodios. El propósito ha sido convertir los grandes movimientos del propio texto en siete composiciones que permitan recorrer musicalmente el libro desde el decreto de Ciro hasta la confesión final del pueblo.

Para esta obra elegimos una identidad sonora basada principalmente en el blues, con guitarra, órgano Hammond y voces. El carácter del blues nos permitió acompañar especialmente bien los contrastes de Esdras: esperanza y dificultad, construcción y paralización, celebración y quebranto.

Las siete canciones siguen la misma estructura que nuestro estudio:

  1. Jehová despertó el espíritu — Esdras 1:1–2:70
  2. Como un solo hombre — Esdras 3:1–13
  3. Entonces cesó la obra — Esdras 4:1–24
  4. La casa de Dios fue terminada — Esdras 5:1–6:22
  5. La buena mano de su Dios sobre él — Esdras 7:1–8:36
  6. Dios mío, confuso y avergonzado estoy — Esdras 9:1–15
  7. Hemos pecado contra nuestro Dios — Esdras 10:1–44

La producción audiovisual acompaña las canciones con una recreación visual del mundo de Esdras: Babilonia, Jerusalén, el regreso del pueblo, el altar, la reconstrucción, la oposición, la casa terminada y finalmente la congregación reunida delante de Dios.

Libro y producción musical son, por tanto, dos formas diferentes de recorrer una misma Palabra. El estudio permite detenernos en el texto; la música y las imágenes nos permiten acompañar su movimiento de otra manera.

Pero ambos terminan conduciendo al mismo lugar.

Esdras comienza con Dios despertando al hombre para iniciar un camino y termina con hombres que comienzan a ver aquello que antes no veían.

Entre ambos momentos encontramos la buena mano de Dios.

Una mano que despierta, conduce, sostiene, habla y lleva al hombre hacia la luz.

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